Tras un mapa de la evolución en la posesión de tierras en Palestina, un cuestionario-resumen para trabajar el tema, otro mapa que nos recuerda cual era la situación en Palestina en 1878, un documental"PALESTINA, HISTORIA DE UNA TIERRA 1880-1950" nos describe la generación del conflicto y finalmente varios enlaces que nos sirven para ampliar información.
La Declaración Balfour fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar nacional judío en el Mandato Británico de Palestina. El formato del documento es una carta firmada por el Secretario de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office), Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. La "Declaración Balfour" fue incorporada en el Tratado de paz de Sèvres entre Turquía y el Mandato Británico de Palestina. (WIKIPEDIA)
La Declaración Balfour se inscribe en una serie de promesas y planes hechos por el Reino Unido a lo largo de los años de la Primera Guerra Mundial en relación al futuro de Oriente Medio. Estos planes y declaraciones, en buena medida contradictorias entre sí, estaban determinados por las alianzas derivadas de los intereses bélicos que iban evolucionando con el desarrollo de la contienda. Así, los Acuerdos Sykes-Picot de 1916 preveían la división de toda la región entre Francia y Gran Bretaña, con una soberanía internacional sobre un territorio denominado Palestina y que era más pequeño que el que luego se conocerá generalmente con ese nombre. Unos meses antes, la Correspondencia Husayn-McMahon entre el alto comisionado británico en El Cairo y el líder de la Rebelión Árabe Husayn de La Meca, determinaba la creación de un Estado árabe independiente sobre la mayoría de los territorios arabófonos de Asia, incluida Palestina. Después de la Declaración Balfour habría nuevos proyectos de división de Oriente Medio.
El sionismo y la guerra
El sionismo era aún minoritario entre los judíos durante la guerra, con una implantación más fuerte en el Este de Europa y en las comunidades judías de esta procedencia en Gran Bretaña y Estados Unidos. La Organización Sionista Mundial tenía su sede en Berlín y, aunque teóricamente era neutral, en sus filas predominaba un sentimiento favorable a la victoria de Alemania (aliada del Imperio otomano), o más bien a la derrota de Rusia (aliada de Gran Bretaña y Francia), a causa de los excesos cometidos o acicateados por el zar contra los judíos rusos. Los sionistas del II Reich intentaban, además, que Alemania influyera en su aliado otomano con vistas a la creación de un hogar nacional judío en la Palestina bajo su dominio y se propusieron a sí mismos como vehículo de la extensión del área de influencia germánica a esa región.
En el otro bando, en Gran Bretaña, los sionistas (emigrados del Este en su mayor parte) presionaban también al gobierno británico para que se comprometiera a facilitar la creación del hogar nacional judío en Palestina una vez liberada de los otomanos. A lo largo del conflicto cunde entre los dirigentes aliados la idea de que los judíos —el factor judío—, dadas su supuesta cohesión como comunidad y sus alianzas a través de las fronteras, podían en alguna medida ser decisivos en el curso de la guerra. Los sionistas no dejaban de alimentar esta idea, sugiriendo además que los proyectos en relación a Palestina decantarían las simpatías de los judíos hacia unos u otros, y en especial en el caso de la muy nutrida e influyente comunidad judía estadounidense, que podría en un momento dado presionar para lograr la entrada de su país, hasta entonces neutral, en el bando aliado. Jaim Weizmann sería el principal artífice de la creación de un lobby prosionista entre los dirigentes británicos, mientras que Nahum Sokolov haría lo propio en Francia.
Francia fue la primera en reaccionar a las sugerencias sionistas. El 4 de junio de 1917 el Ministerio de Asuntos Exteriores redactó una declaración (la Declaración Cambon) que expresaba la simpatía del Gobierno francés hacia la colonización judía en Palestina y hacia un eventual «renacimiento de la nacionalidad judía» bajo la protección aliada.
La Declaración Cambon aguijoneó al gobierno británico para que hiciera una declaración en el mismo sentido, pero sobre todo un nuevo factor apareció: el general Edmund Allenby, coordinado con las tropas de la Rebelión Árabe, estaba a punto de conquistar Palestina a los otomanos. Gran Bretaña planeó desdecirse de lo acordado en el tratado Sykes-Picot acerca de la internacionalización de Palestina y conservarla bajo su dominio una vez conquistada. En este sentido, hacerse valedora de los «intereses judíos» en la región podría servir para justificar ese dominio del mismo modo que Francia utilizaba la «protección de los intereses católicos» para justificar sus pretensiones sobre Tierra Santa.
La declaración
La Declaración Balfour se redactó en los últimos meses del año, para que se haga pública antes de navidad, fecha en la que estaba prevista la conquista definitiva de Palestina por las tropas británicas.
El texto final de la declaración apareció muy mermado de contenido respecto a las redacciones previas (hubo hasta siete borradores sucesivos) debido a las fuertes resistencias que encontró dentro del Gobierno. Las más importantes fueron las del ministro judío Edwin Montagu, secretario para la India británica, quien consideraba que un apoyo oficial a la idea de Palestina como patria de los judíos ponía en duda sus pertenencias nacionales, lo que a su juicio daba alas al antisemitismo.
Finalmente, el texto se aprobó el 31 de octubre de 1917, con el visto bueno de Estados Unidos, enviado a su destinatario el 2 de noviembre. Decía así
Foreign Office, 2 de noviembre de 1917.
Estimado Lord Rothschild,:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.
«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.
Los sionistas, y muchos medios de prensa que se hicieron eco de ella, acogieron la declaración como un reconocimiento de los derechos judíos sobre Palestina. Sin embargo, la Declaración Balfour era muy imprecisa y remitía realmente a las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad. Probablemente, como en el caso de los acuerdos Sykes-Picot o las promesas hechas a los árabes, Gran Bretaña esperaba el desenlace de la guerra mundial para determinar cuáles iban a ser sus posiciones reales en la región.
En primer lugar, Palestina no tenía unos límites definidos. Para los sionistas, se extendía a ambos lados del río Jordán, es decir, comprendiendo las posteriores Transjordania y la Palestina del mandato británico; en los acuerdos Sykes-Picot, sin embargo, era aún más pequeña que esta última, pues excluía lo que hoy es el norte de Israel.
No se decía tampoco si ese «hogar nacional» iba a construirse en toda Palestina o en una parte de ella.
No se precisaba, por otro lado, el alcance de la expresión «hogar nacional». Los sionistas, por razones tácticas, habían evitado en su trato con la administración británica hablar de Estado, y por tanto nuevamente el estatus real de ese «hogar» quedaba confiado a las interpretaciones.
Tampoco precisaba en qué consistían los «derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías», esto es, de los árabes palestinos, que constituían entonces más del 90% de los habitantes de Palestina.
Consecuencias
Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina. Alemania, para no perder los apoyos sionistas con que contaba desde principios de la guerra, hizo su propia declaración en favor de la «implantación judía en Palestina», a través de una «instalación sin restricciones» y de un régimen de autogobierno, para proceder al «libre desarrollo de su civilización».
Los árabes de la región, que a través de la Rebelión Árabe se hallaban en proceso de construcción de su propio Estado, rechazaron, en el congreso nacional convocado en Damasco, «las pretensiones sionistas de convertir la parte sur de Siria, es decir, Palestina, en una commonwealth nacional para los israelitas». De idéntico modo se había expresado unos meses antes un congreso árabe celebrado en Jerusalén.
En cuanto al yishuv (comunidad judía en Palestina), desde el mismo momento en que el ejército británico tomó la región, reclamó que la Declaración Balfour se haga efectiva y que la administración británica reconozca las instituciones que los judíos habían puesto en pie como poder paralelo. Sin embargo, debería pasar un tiempo antes de que los ocupantes hagan nada: en primer lugar, la Convención de La Haya obligaba a Gran Bretaña a mantener escrupulosamente el statu quo en Palestina en tanto no firme un tratado con quienes hasta entonces habían administrado el territorio, esto es, el Imperio otomano.
Los británicos alegaban también el elevado riesgo de graves choques entre judíos y árabes si se daba a estos la preeminencia que reclaman, habida cuenta, entre otras cosas, que los judíos constituían a fines de la Primera Guerra Mundial apenas un 10% de la población de Palestina. Finalmente, dados los conflictos que todo esto no dejaba de generar, la administración recomendó a Gran Bretaña la cancelación de las promesas hechas en la Declaración Balfour. La construcción del hogar nacional judío no contaría con un efectivo apoyo británico hasta 1920, fecha en que, una vez establecido el mandato británico, fue nombrado Alto Comisario (máxima autoridad civil) sirHerbert Samuel. Gran Bretaña, no obstante, volvería a replantearse su apoyo al proyecto sionista a principios de los años treinta, a raíz de los conflictos crecientes entre los árabes y los judíos.
Los árabes palestinos incluyen a musulmanes, cristianos y una parte de los judíos, es decir, al 90% de la población. El resto (en torno a un 10%) puede adjudicarse a los europeos sionistas de religión judía instalados como inmigrantes en Palestina entre las dos ultimas décadas del siglo XIX y el principio del siglo XX
El Tratado Sykes-Picot de 1916 fue un acuerdo secreto entre Gran Bretaña y Francia para dividirse el Oriente Medio una vez concluida la Primera Guerra Mundial. Debe su nombre a los negociadores del pacto, Sir Mark Sykes, en representación de Gran Bretaña y Charles François Georges-Picot por Francia. Los acuerdos secretos se conocieron porque la Rusia Soviética decidió publicarlos tras la victoria de la Revolución Rusa el 23 de Noviembre de 1917 y así mostrar la hipocresía y los verdaderos objetivos de las potencias imperialistas. (Wikipedia, modificada)
Inicialmente las negociaciones incluían a la Rusia zarista. Desde que los Aliados occidentales entraron en guerra, la Rusia zarista presionó por lograr su antigua ambición de obtener una entrada marítima al Mediterráneo mediante la posesión del estrecho de los Dardanelos. Con el imperio otomano turco aliado al enemigo alemán, Gran Bretaña y Francias le concederon su deseo en 1915, a ser concretado al final de la guerra. También hubieron de incluir a Italia en su proyecto de reparto de Turquía y la nación árabe al pactar en secreto su entrada en la guerra.
Obviamente estos acuerdos secretos estaban en radical contradicción con los discursos públicos ("defensa de la libertad", "de los derechos de los pueblos" etc) con los que los aliados de la Entente justificaban su participación en la guerra contra los Imperios centrales.
El tratado de paz por separado entre la Rusia soviética gobernada por los bolcheviques tras la Revolución de Octubre de 1917 y Alemania (Brest Litovsk, marzo de 1918) y la renuncia de la Rusía Soviética a cualquier anexión pactada por el zarismo o el Gobierno Provisional permitió a los restantes Aliados (Gran Bretaña, Francia, Italia y EEUU) considerar extintas sus anteriores promesas a Rusia y planear y pactar la reordenación de la región en atención a sus exclusivos intereses.
Historia
El 3 de enero de 1916 Sir Mark Sykes representando a Gran Bretaña y Charles François Georges-Picot representando a Francia, acordaron en secreto la división general del Oriente Medio una vez terminada la guerra y derrotado el imperio otomano.
Francia recibiría lo que hoy conocemos comoSiria y su zona costera que se convertiría en el actual Líbano. Ejercería un ámbito de influencia hacia el este kurdo hasta más allá de Mosul.
Gran Bretaña, por su parte, obtrendríaBasora (donde ya se intuía la existencia de petróleo) y Bagdad y un ámbito de influencia hacia el este hasta Persia (el futuro Irán) y hacia el oeste, hasta acercarse y enlazar con Egipto, entonces también sometido a protectorado británico, donde los británicos controlaban el Canal de Suez.
Algo indefinida quedó la parte sur de Siria denominada Palestina, que finalmente fue luego otorgada bajo un Mandato de la Sociedad de las Naciones a Gran Bretaña.
El reparto territorial acordado combinaba las previsiones de existencia de yacimientos petroliferos, concesionesacordadas y explotaciones en curso, juntoa las necesidades de cobertura politica en la región de ambas potencias imperialistas.
Al momento de los pactos Sykes-Picot los británicos negociaban también con el jerife de La MecaHusayn ibn Aliel apoyo aliado a una revuelta contra los otomanos de la que debería surgir un futuro Estado árabe unificado en todos los territorios arrebatados a los turcos, desde Siria hasta el Yemen. De estas negociaciones, cuyos acuerdos Gran Bretaña no tenía intención de cumplir (pues contradecían las propias conversaciones Sykes-Picot) surgió la Rebelión Árabe, que supondrá la efímera independencia del Hiyaz, la aún más efímera unificación de los territorios árabes otomanos bajo la acción de las tropas árabes, y finalmente la colocación de la dinastía de los hachemíes en varios tronos de la zona y la creación del nuevo reino de Transjordania. En la rebelión participaría como enlace británico Thomas Edward Lawrence (conocido como Lawrence de Arabia), aunque su protagonismo, que nunca deja de señalarse, es más propio del cine que de la historia.
Al tiempo, los británicos le dieron simultáneamente aliento y amparo a los sionistas al estipular y declarar que veían con buenos ojos el establecimiento de un futuro "Hogar Nacional Judío en Palestina" (eufemismo para referirse a un Estado sionista en Palestina) mediante la llamada Declaración Balfour.
En efecto, como medida de guerra, los británicos utilizaban variadas aspiraciones contrapuestas en el mismo territorio, enfrentándolas y utilizandolas a su conveniencia.
En la postguerra, Gran Bretaña se sirvió con la cuchara grande.
No sólo obtuvo también Palestina, sino que tomó Mosul (en el Kurdistan) al que agregó Basora y Bagdad para crear Iraq. Entonces le recortó a Siria (ya ocupada por Francia) un tramo que le asignó a su Mandato de Iraq, y la Alta Galilea para poder transportar mediante oleoducto el petróleo de Mosul a Haifa.
Compensó a la familia de Hussein por ser expulsados por Francia de Siria separando Transjordania de Palestina, que otorgó al segundo hijo de Hussein, Abd Allah como monarca. Iraq se lo entregó a su hermano Faysal como monarca, pero siempre manteniendo o un mandato o un protectorado británico sobre los territorios arabes bajo dinastias hachemitas.
Gran Bretaña mantuvo asimismo su dominio colonial y sus protectorados sobre los emiratos petroleros de Kuwait, Omán, Baréin, Qatar, Dubai etc a los que sumaba sus bases y dominios en Adén y sus territorios anexos en Arabía del Sur.
Durante esta época de guerra los británicos -que tenían muchas colonias pobladas por musulmanes- se preocuparon por eliminar la posible influencia político-religiosa del Califa turco sobre el panislamismo. Esta fue una de las razones por las que apoyaron al jerife Husayn ibn Ali en La Meca y dejaron permanecer neutral a Abdul Aziz ibn Saud en el centro de Arabia, para que sirvieran de contrapeso mutuo a cualquier movimiento pan-islámico independiente u hostil al imperialismo británico y para a la vez utilizar al panislamismo conservador como contrapeso e instrumento para debilitar al movimiento nacionalista panarabista, que los británicos consideraban su principal enemigo. Se movieron pues al objeto de reducir la influencia individual del antiguo Califa a través del Oriente Medio creando, cuando les fue posible, nuevos Estados pequeños sustitutos -formalmente autónomos- entregados a dinastias reaccionarias o en régimen de protectorado o mandato, de modo que el Imperio británico pudiera siempre controlarlos de hecho con facilidad y explotar sin peligro sus recursos.
Consecuencias
Próximo Oriente: Antes de 1914 - Proyectos de Reparto Sykes-Picot - Situación en el periodo de Entreguerras 1925-1939
Donde relativamente pronto se vieron frustrados los planes del acuerdo Sykes-Picot fue en Turquía al surgir la figura de Mustafa Kemal Atatürk para dirigir su Guerra de Independencia y liberar a ese país del control foráneo que se pretendía imponer al finalizar la guerra. El reparto de Turquia establecido en el Tratado de Sevres (1920) quedó anulado tras la victoria nacionalista de Kemal Atataurk y sin efecto tras la rubrica del nuevo Tratado de Lausana en 1923.
Por otra parte, Gran Bretaña dejó caer durante los años 20 a su antiguo aliado hachemita Hussein en el Hedjaz ante la embestida conquistadora de su también aliado y tutelado Abdul Azis Ibn Saud del Nejd, permitiéndole crear a éste el nuevo Reino de Arabia Saudí, fortín del integrismo wahabista, que también permaneció bajo influencia británica hasta que -ya en los años 30- la concesión de las explotaciones petrolíferas la hiciera bascular hacia los EEUU.
Los árabes del Máshrek vieron su territorio dividido entre los imperialismos francés y británico.
Las aspiraciones nacionales de los armenios fueron asimismo traicionadas pese al escandalo mundial que había provocado su genocidio a manos del Régimen de los Jóvenes Turcos durante la guerra.
Tampoco se respetaron las demandas de los kurdos. El Kurdistán permaneció sin reconocer, ocupado y dividido entre la Turquia kemalista, el Irán del Sha y los mandatos coloniales de Siria (Francia) e Iraq (Gran Bretaña).
La región fue organizada al servicio de las grandes compañias petroleras: las "Siete Hermanas".
Así pues, en general, eltratado fue implementado como fue concebido, negándose así las grandes potencias imperialistas a las aspiraciones de autodeterminación nacional de los árabes, armenios y kurdos y abriendo paso a daños, tensiones y sufrimientos que asolarían la región hasta la actualidad.
Soldados israelíes con fusiles acompañan a refugiados palestinos de 1948
La "Nakba" (la 'catastrofe', es decir, la expulsión de centenares de miles de palestinos) precede, acompaña y sucede a la instalación en la tierra de Palestina del nuevo Estado de Israel en 1948. El conflicto continua hasta hoy.
Para trabajarlo en esta entrada se incluyen el documental "Palestina, Historia de una Tierra 1950-1991" , un vídeo sobre el conflicto a traves de las Resoluciones de la ONU; enlaces a artículos del historiador Ilán Pappe, animaciones compiladas en la pagina del Dptº de Historia del IES Sabuco y otros enlaces.
Palestina 1950-1991 HISTORIA DE UNA TIERRA
Video: EL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ A TRAVÉS DE LA ONU